El Camino que Jesús Enseñó
El Camino que Jesús Enseñó
Cuando le preguntaron a Jesús cuál era el mandamiento más importante, su respuesta fue directa: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas».
En estas palabras, Jesús resumió todo el propósito de la vida humana. No complicó las cosas con largas listas de reglas. No creó un sistema imposible de cumplir. Simplemente dijo: ama. Ama a Dios completamente. Ama a los demás como te amas a ti mismo. Todo lo demás fluye de ahí.
Pero Jesús no solo enseñó el amor con palabras — lo vivió con cada acción. Tocó a los leprosos que nadie quería tocar. Habló con la mujer samaritana que la sociedad despreciaba. Perdonó a la adúltera que la multitud quería apedrear. Comió con los pecadores que los religiosos evitaban. Lavó los pies de sus discípulos como un siervo. Y finalmente, entregó su vida por quienes lo rechazaban.
«Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos», dijo. Y luego lo demostró en la cruz. El amor que Jesús enseña no es un sentimiento tibio ni una buena intención. Es un amor que cuesta, que se entrega, que no busca lo suyo. Es el amor que Pablo describe: «El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor».
Este es el camino que Jesús trazó. No un camino de reglas externas sino de transformación interior. No un camino de apariencias religiosas sino de corazón genuino. Los fariseos se preocupaban por lavar las copas por fuera; Jesús se preocupaba por lo que había dentro del corazón humano. Sabía que de adentro hacia afuera es como ocurre el verdadero cambio.
Por eso dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará». El camino de Jesús es paradójico: encontramos vida perdiéndola, recibimos dando, somos exaltados humillándonos. Va en contra de todo lo que el mundo enseña sobre éxito y poder.
El mundo dice: acumula para ti. Jesús dice: da. El mundo dice: defiéndete, no dejes que te pisoteen. Jesús dice: si te golpean en una mejilla, ofrece la otra. El mundo dice: ama a quienes te aman. Jesús dice: ama a tus enemigos, bendice a quienes te maldicen, haz bien a quienes te aborrecen.
Esto no es debilidad. Es la fuerza más grande que existe. Es el poder que conquistó la muerte. Es el amor que transformó a pescadores en apóstoles, a perseguidores en misioneros, a pecadores en santos. Es el mismo amor que puede transformarnos a nosotros — si estamos dispuestos a seguir el camino que Jesús enseñó.